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Este municipio brasileño, ubicado en el estado de Mato Grosso del Sur, en la zona centro-oeste de Brasil, y muy cerca de la frontera con Bolivia, es la principal zona urbana de la región, y nuclea, como es lógico, una gran cantidad de parajes turísticos que se hacen interesantes para visitar en cualquier momento del año.

No obstante, como no se trata de una zona recorrida por los visitantes de forma habitual, refrescamos algunos de los mejores espacios para visitar en la zona.

Por ejemplo, uno de los recorridos imperdibles es el que se realiza a la Casa Vasques y Filhos, que fue construida hace más de un siglo por el arquitecto italiano Martino Santa Lucci, y que en la actualidad acoge el Memorial do Homem Pantaneiro. 

Los fuertes y miradores son otros de los grandes atractivos locales, destacando el Fuerte Coimbra, de 1775, el Fuerte Fortaleza, y el Fuerte Junqueira, de 1871, que aún exhibe 12 cañones de la época; sin dejar de mencionar el Mirador San Felipe, desde donde puede verse toda la ciudad.

Luego nos encontramos con la vieja estación ferroviaria, la Iglesia del Santuario de María Auxiliadora, el Casario de Porto Geral y la Edificación Comercial Wanderley; antes de llegar al edificio Luis de Alburquerque, construido entre 1918 y 1922.

 



La Pinacoteca do Estado de São Paulo, como es conocida en portugués, es un centro cultural de los más importantes de Brasil, siendo administrado por la Secretaria de Cultura de la ciudad, y ubicada su sede principal en el Jardim da Luz de esta localidad, además de ocupar otros espacios, como la estación del mismo nombre, y un edificio en el Parque do Ibirapuera.

La atracción de este sitio consiste en que es uno de los más importantes museos de arte de Brasil, y que presenta colecciones por más de seis mil obras en su interior. Entre los estilos representados, podemos mencionar pinturas, esculturas, collages, dibujos, tapices, vajilla y objetos de porcelana, especialmente de los siglos XIX y XX.

Ahondando en este acervo que contiene el museo, debemos destacar que perteneciente al primero de esos siglos, podemos encontrar obras célebres como “Las Naturalezas Muertas” de Pedro Alexandrino, a la que se le dedica una sala entera.

Ya pasando al siglo XX, podemos mencionar las pinturas ochocentistas europeas y de esculturas francesas, destacándose el conjunto de nueve bronces de Auguste Rodin, además de la presencia de creaciones de Aristide Maillol, Medardo Rosso, Antoine Bourdelle y Niki de Saint Phalle, entre otros.



Este palacio, que originalmente lleva el nombre de “Palacio Imperial de São Cristovão”, se halla situado en el parque Quinta da Boa Vista, en la ciudad de Río de Janeiro, siendo la antigua residencia de la mismísima familia imperial brasileña, y albergando en la actualidad el Museo Nacional de Brasil de esta localidad.

La historia de este sitio comienza en el siglo XIX, cuando pertenecía a Elías Antonio Lopes, un rico comerciante portugués que en 1803 construyó una mansión en una colina. Ante la llegada de la familia real, que escapa a Napoleón, a estas tierras, Elías decidió donar su propiedad al príncipe regente Don Juan de Braganza.

En los siguientes años, Don Juan la reformó a su gusto, convirtiéndola en un palacio real, gracias a la mano del arquitecto inglés John Johnston, siendo terminadas las obras en 1821. Pero después de la declaración de la Independencia de Brasil, el lugar pasó a ser ocupado por el emperador Pedro I, quien encargó a varios arquitectos de distintas procedencias nuevos arreglos tanto en la fachada como el interior del recinto, motivo por el cual hoy tiene varios retazos de estilos diferentes.

Actualmente, y desde 1892, el Palacio se ha convertido en sede permanente del Museo Nacional de Brasil, aunque sus jardines fueron abandonados hasta 1909, cuando el presidente Nilo Pecanha ordenó su restauración.



El hermoso “Jardim da Luz” es uno de los espacios verdes más visitados no sólo de Sao Paulo sino de todo el territorio brasileño, con sus aproximadamente 20.000 metros cuadrados, que se halla localizado en la Avenida Tiradentes, cerca de otros sitios históricos, como la Estação da Luz, el Museo de Arte Sacro de São Paulo y del Departamento Histórico da Prefeitura do Município. Además, funciona como sede de la Pinacoteca de São Paulo.

Incluso, aunque originalmente se trataba sólo de un jardín botánico, con el correr del tiempo su relevancia en la región se multiplicó, especialmente a principios del siglo XX, luego de haber sido inaugurada allí la sede del Liceo de Artes y Oficios de São Paulo, edificio que actualmente alberga la ya citada Pinacoteca.

Durante buena parte de las últimas décadas, el jardín se vio degradado en muchos de sus espacios, al punto de que se pensó en abandonarlo definitivamente. De hecho, hubo momentos en el que sólo se atrevían a ingresar allí quienes buscan prostitutas o comerciantes de droga.

La situación se revirtió, no obstante, a partir de la política de revitalización de la región central de Brasil, que fue llevada a cabo por el gobierno. Esto se produjo especialmente a partir de la instalación de esculturas a lo largo del parque, la reforma de la Pinacoteca y una mayor presencia policial.



 

Cuando hablamos de Cinelandia, lo hacemos del espacio en torno a la Plaza Floriano, la más grande del centro de la ciudad de Río de Janeiro, y que se halla delimitada por la Avenida Río Blanco y por las Rutas Araújo Porto Alegre, 13 de Maio y Evaristo da Veiga. Se trata de un sitio visitado por miles de turistas todos los días.

La historia de este espacio comienza entre los siglos XVI y XVII, cuando la mayor construcción de la zona era el “Convento da Ajuda”. Sin embargo, con el correr del tiempo la formación de plaza comenzó a variar en función de las necesidades de los residentes locales, cuando la por entonces capital de la nación, Río de Janeiro, necesitaba remodelaciones.

El nombre de “Cinelandia”, le viene porque una vez demolido el Centro de Ayuda, el empresario español Francisco Serrador construyó una serie de edificios que contenían los mejores cines de la ciudad, y a partir de allí, otros espacios como restaurantes, discotecas y bares se establecieron en sus alrededor, generando un gran flujo turístico.

Actualmente, la plaza se ha convertido en sede de las manifestaciones políticas más importantes en la historia de Brasil, siendo también un sitio ideal para el activismo electoral de candidatos aspirantes a cargos públicos; aunque ha perdido su espacio cultural para dedicarse más al comercio.

 



 

Esta ciudad brasileña, ubicada en el estado de Pará, fue fundada por el Padre João Felipe Bettendorf el 22 de junio de 1661, pasando a ser considerada en municipio recién en 1755, y “ascendiendo” al estado de ciudad en 1848.

Desde hace dos décadas, es considerada además un espacio turístico de excepción, en especial a partir de la existencia de espectaculares paisajes que se han formado gracias a las confluencias del río Tapajós y el río Amazonas.

Una de las claves en esta situación de Santarém, que agrada cada vez más a los turistas, es la posibilidad de visitar la cuna de la denominada “Cerámica Tapajoense”, que se divide en dos estilos: los “vasos” de boca y los de cariátides. Se trata de una de alas manualidades más antiguas del continente, y que por su fineza, ha llegado a ser comparada con la porcelana fría china. Los mejores ejemplares pueden verse en el Centro Cultural João Fona.

Para algunos de los residentes, además, Santarém es conocida como “la perla del Tapajós”, ya que en sus inmediaciones se produce el encuentro de las aguas oscuras del río Amazonas con las aguas azules del río Tapajós.

Para los amantes de los balnearios, en cambio, pueden disfrutar de la visita a la villa “Alter do Chao”, ubicada a unos 30 kilómetros de la ciudad. Es un espacio realmente similar al caribe brasileño, por sus playas, y espacios como el lago Verde y la isla del Amor.

 



Este municipio brasileño, que se halla dentro del estado de Sao Paulo, y a una altura sobre el nivel del mar de unos 600 metros, es una de las zonas turísticas que más ha crecido en el último lustro como opción para la llegada de visitantes de todo el país, y por qué no, también de un buen número de extranjeros.

Es que, ubicada a apenas 90 kilómetros de la ciudad de Sao Paulo, es muy fácil acceder a este sitio, a través de las carreteras que incluso utilizan miles de personas todos los días que trabajan en el gigante paulista; y si bien la mayoría de sus ingresos son generados por las industrias, el espectro turístico ha aumentado los suyos recientemente.

Uno de sus grandes atractivos son sus paisajes naturales, que se multiplican al encontrarse cerca del Peabiru, un antiguo camino indígena entre el Océano Atlántico y la región de los Andes, siendo muchos de ellos conservados desde la fundación de la ciudad, en agosto de 1654, por el capitán brasileño Baltasar Fernandes.

Incluso, el haberse convertido desde el siglo XVIII en un paso obligado para el transporte de vacunos y equinos que eran contrabandeados desde la Banda Oriental (actualmente Uruguay), se estableció una feria de animales en el lugar, que generó el asentamiento de varios servicios ofrecidos para viajeros.



El Museo Paulista de la Universidad de Sao Paulo, que también es conocido por los residentes del lugar como “Museu do Ipiranga”, es el más importante de los dependientes de esta institución, además de ser uno de los espacios turísticos más visitados de la ciudad, especialmente en cuanto a jóvenes se refiere.

El atractivo de este espacio radica fundamentalmente en la gran cantidad de objetos, mobiliarios y distintas obras de arte de relevancia histórica, sobre todo aquellas que están relacionadas con la época de la Independencia del país, siendo la más destacada el cuadro pintado por Pedro Américo, denominado “Independencia o Muerte”.

La construcción del edificio, mientras tanto, está íntimamente relacionada al arquitecto e ingeniero italiano Tommaso Gaudenzio Bezzi, quien fue designado a finales del siglo XIX para levantarlo. La idea estaba basada en un monumento en el área misma donde había sido proclamada la Independencia.

Actualmente, el Museo presenta un recinto de más de 120 metros de largo y 16 de profundidad, con gran cantidad y variedad de elementos decorativos y ornamentales que han sido coleccionados a través de los años. Sus líneas de investigación están divididas en tres categorías: “Vida cotidiana y Sociedad”, “Universo del Trabajo” e “Historia del Imaginario”.



Este espejo de agua superficial, uno de los puntos turísticos naturales más importantes de Brasil, y se encuentra localizado en la ciudad brasileña de Gramado, en el Estado de Río Grande del Sur. Para llegar al mismo, hay que recorrer el barrio de Planalto, uno de los espacios residenciales más bellos del país.

Lo interesante del caso, es que las inmediaciones del lago han sido decoradas con impresionantes mansiones, la mayoría de las cuales pertenecen a los inmigrantes alemanes y suizos que se han afincado en la zona. De hecho, la estructura del mismo fue pensada por Leopoldo Rosenfeldt, uno de los vecinos ilustres de Gramado, en 1953.

En cuanto al nombre del lago, debemos decir que se debe a la vegetación que le rodea, ya que buena parte de las especies vegetales fueron llevadas al lugar desde la propia Selva Negra, de Alemania , aunque luego fueron agregadas otras, como hortensias y azaleas, para generar una mayor variedad.

Ya en lo referente al lago, debemos decir que se trata del espacio ideal para que los turistas puedan nadar en sus orillas, o también pasear en los botes que se alquilan en sus orillas. Además, existe una senda peatonal que lo rodea por completo, y sobre la cual los visitantes suelen afincarse.



Los paisajes naturales son buena parte de los atractivos turísticos que Brasil puede presentar a los miles de extranjeros, y por qué no, domésticos, que lo visitan cada año. En este contexto, uno de sus espacios más destacados es el denominado “El Encuentro de las Aguas”, en la confluencia del Río Negro, uno de los más importantes del país.

De hecho, ya de por sí el Río Negro es un paisaje de excepción que llama la atención de los turistas gracias a sus aguas, más oscuras de lo normal, al punto de parecer, justamente, negras. En este punto, por más de seis kilómetros las aguas de este con el Amazonas corren lado a lado sin mezclarse, y es una de las principales actividades turística de Manaos.

En este punto es donde se produce “El Encuentro de las Aguas”, que se desarrolla a partir de las diferencias de temperatura, velocidad y densidad del agua de los dos ríos. 

Es que llegados allí, podemos observar como chocan las aguas del río Negro, con una velocidad cercana a los dos kilómetros por hora, y una temperatura de 22°C, con las del Solimões, fluye entre los cuatros y los seis kilómetros por hora, a una temperatura de 28°C.