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Esta edificación es una de las más importantes de esta destacada ciudad brasileña, lo que habla de su trascendencia, debido a que Sao Paulo es sin dudas una de las localidades más industrializadas del mundo y cuenta con muchísimos rascacielos en su haber. No obstante, una de las cosas que lo hace diferente es su altura, de casi 170 metros, lo que lo convierte en el segundo más alto no sólo del estado sino también del país.

Inaugurado en 1965, fue declarado posteriormente Patrimonio Histórico de Sao Paulo, al ser considerado como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura vertical en Brasil, una de las que más desarrollo tiene en la región. Hay que destacar, por otro lado, que cuando se presentó el proyecto para la construcción de esta obra, se permitió la misma sólo si se llevaba a cabo en uno de los puntos céntricos de la ciudad, siendo decidida la intersección de las avenidas Ipiranga y São Luís.

Ya dentro del edificio, uno de los paseos más visitados es el restaurant “Terraço Italia”,el que ofrece, más allá de algunas de las mejores comidas típicas de Brasil, una vista de 360º sobre el centro de Sao Paulo. Además, en el interior de puede encontrarse el club “Circolo Italiano”, que se ubicaba en este sitio antes de levantarse el monumento. También existen allí un teatro y una galería de uso habitual.



Sao Paulo es una de las ciudades más industrializadas del mundo, pero cuenta especialmente con algunos espacios verdes que otorgan un poco de aire y distinción a distintos parajes dentro de esta destacada localidad. Uno de ellos es, sin ningún lugar a dudas, la “Praça da Sé”, una especie de parque, y punto referencial del lugar, ya que justamente desde allí se cuentan todos los kilómetros que lo distancian de los distintos puntos de Brasil.

Este lugar debe su nombre a uno de los monumentos más importantes del país, la denominada “Catedral da Sé”, que ha transferido su nombre a la plaza, centro de algunos de los eventos más decisivos en la historia de Sao Paulo, debido a su trascendencia para la congregación de elementos de todos los estratos sociales en sus alrededores. Igualmente, en los últimos años la instalación de personas “sin techo” ha generado polémica, por lo que ya se trabaja en el asunto.

La última de las varias grandes reformas que ha tenido este parque fue llevada a cabo en el 2006, cuando entre otras obras, se realizaron la reestructuración de los viejos canteros, varias modificaciones para la mayor integración entre las esculturas y monumentos construidos en el lugar, además de la instalación de varias pasarelas sobre los espejos de agua, que generan magníficas vistas.



Petrópolis, la primera ciudad planifica de todo Brasil, y ubicada en uno de los estados más turísticos del país como es Río de Janeiro, es además uno de los centros recreativos con mayor reconocimiento y aceptación por parte de los viajeros que llegan a esta parte de Sudamérica cada temporada alta.

En un principio funcionaba únicamente como paraje de conexión entre la capital del estado y el territorio de Minas Gerais, aunque con el tiempo se fue avocando a la recepción de público.

Hay que destacar asimismo, el clima cálido de esta localidad, lo que atrajo a varias familias aristocráticas de Brasil hace cientos de años, además de importantes colonias de habitantes europeos, especialmente alemanes, de los que se ha tomado el cuidado por los muchos espacios público y naturales con los que cuenta Petrópolis, siendo el más destacado de ellos el que se denomina como “Serra dos Órgãos”, con sus montañas y abundante vegetación.

El movimiento comercial de la ciudad es muy importante, al punto de que llega gente de ciudades cercanas para comprar las marcas más famosas, mientras que los ofrecimientos gastronómicos, sobre todo los que incluyen la gran variedad de frutas que allí se cultivan, están a la orden del día. La arquitectura histórica de

Petrópolis, con sus museos, palacios y casas culturales, son otro de atractivos con los que cuenta este sitio.



Esta montaña, el tercer punto en altitud de todo el territorio brasileño, es un interesantísimo destino turístico no sólo para los viajeros que llegan desde distintos rincones del mundo, sino también para los propios habitantes de este país, que encuentran en la zona una alternativa de recreación totalmente distinta a la que están acostumbrados, mucho más cercanas a las playas y el mar que a los paisajes invernales.

Ubicado en el municipio de Ibitirama, estado de Espírito Santo, y junto a la frontera con Minas Gerais, este sitio es llamado así en honor al emperador Pedro II, justamente el encargado de ordenar la plantación de una bandera brasileña en la cima de la montaña, la más alta de todo el sureste de esta nación. Hay que destacar además que, al encontrarse dentro el Parque Nacional Caparaó, se trata de un área especialmente cuidada por los lugareños.

Desde cualquier punto de la montaña, el pico es alcanzable ya que las rutas están muy bien señalizadas, para que todo el mundo las entienda. Este sitio es uno de los más fríos de todo Brasil y casi el único donde se registran nevadas con cierta frecuencia, debido a que las temperaturas pueden establecerse hasta en los -10ºC. Es común la llegada de visitantes, especialmente de países del occidente europeo.



El Museo Paulista de la Universidad de Sao Paulo, más conocido popularmente como “Museo de Ipiranga”, es uno de los paseos turísticos más importantes de esta ciudad y de los que más visitantes recorren cada año. Cabe destacar que este edificio posee una extensa y variada cantidad de objetos, mobiliario y obras de arte de relevancia histórica para la cultura brasileña y especialmente de esta zona del país.

Uno de los grandes atractivos con los que cuenta este museo y que lo distingue de los demás que pueden encontrarse en Brasil, es que allí se encuentran buena parte de los elementos que fueron protagonistas de la Independencia de esta nación. Incluso uno de los cuadros más visitados de todo el recorrido es el emblemático del artista Pedro Américo, titulado Independência ou Morte -Independencia o Muerte-.

Para la construcción de este monumento histórico, fue contratado especialmente el arquitecto e ingeniero italiano Tommaso Gaudenzio Bezzi, uno de los más famosos de la época, en 1884. Entre las colecciones, las hay de esculturas, cuadros, joyas, monedas y medallas entre otros objetos, todos ellos cuidados de forma especial según los materiales con los que han sido hechos. La visita al lugar lleva algunas horas, pero se puede visitar por completo en menos de un día.



Este paseo ubicado en la ciudad brasileña de Sao Paulo, una de las más importantes de este país, es uno de los recorridos del lugar, ya sea por un viaje de placer o de negocios, una de las formas de turismo que más ha prosperado en la zona en los últimos años. Cualquiera sea el objetivo buscado, es muy posible que une termine recurriendo a la gran cantidad de posibilidades que ofrece esta avenida.

De hecho, en la Avenida Paulista pueden encontrarse no sólo bellísimos paisajes, como por ejemplo los que se encuentran en la gran cantidad de parques que circundan la misma en varios parajes de su extensión. La oferta gastronómica es sin dudas una de las que más destaca en este lugar, ya que la gran cantidad de apertura de restaurantes ha generado una cultura en torno a este elemento. La mayor parte de los platos tienen alta influencia italiana, debido a la ascendencia de los habitantes de Sao Paulo.

En cuanto a las propuestas culturales, la visita al Museo de Arte de Sao Paulo es un paseo obligado para conocer más de la historia brasileña en varios de sus aspectos.

En el edificio de la Fundación Cásper Líbero pueden encontrarse un cine, facultad e incluso teatro, siendo un símbolo del crecimiento intelectual de la región. Además, es un importante centro financiero, gracias a la ubicación de bancos y algunas de las más reconocidas empresas a sus orillas.



Esta preciosa ciudad, bañada por las cálidas aguas del océano Atlántico, se ha convertido desde hace algún tiempo en una de las más visitadas por turistas de todo Brasil.

La particularidad con la que cuenta Florianópolis, y que la distingue de otras ciudades brasileñas también muy propensas al consumo por parte de extranjeros, es que la mayoría de los que allí llegan cada año, especialmente en los meses de verano, lo hace provenientes de países cercanos geográficamente, como Argentina, Uruguay o Chile, y no tanto de Europa, por lo que ha adquirido la categoría de “ciudad popular”.

Al tratarse de una isla grande, con muchas pequeñas que la rodean, el sitio está lleno de paisajes que aún no han sido modificados por el hombre, por lo que poseen una belleza natural muy distinguible al resto.

Se destacan en este contexto la gran cantidad de playas, que además son aprovechables la mayor parte del año, ya que la media de temperatura es apenas inferior a los 30º C, exceptuando los meses de invierno. Las playas más conocidas son Jurere Internacional, Canasvieiras e ingleses.



Con su clima tropical y una altura de casi 900 metros por sobre el nivel del mar municipio brasileño del Estado de Minas Gerais con una población de apenas 23.000 habitantes, se ha establecido en los últimos tiempos como uno de los sitios con mayor densidad de turistas que llegan a la zona de la región de Campo de las Vertientes de Minas, conocido históricamente por sus hermosos paisajes que han atraído desde siempre a los viajantes.

Este pequeña ciudad, aunque de gran valor para el pueblo brasileño, concentra el mayor complejo hidromineral del mundo, casi por completo ubicado en el Parque das Águas Dr. Lisandro Carneiro Guimarães, e incluye entre sus propiedades en este aspecto, más de diez fuentes de agua mineral de distintas características, que son exportadas posteriormente no sólo a todo el país, sino también a buena parte de las naciones del mundo.

Como confirmación del lugar que ocupa dentro de la oferta turística de Brasil cada año, hay que señalar el hecho de que durante mucho tiempo, los integrantes de la Casa Real de Portugal llegaban aquí a mediados del siglo XIX, para aprovechar las supuestas propiedades curativas de las aguas del lugar.

En la actualidad, varias empresas se han adueñado de la explotación de los minerales que pueden encontrarse en Caxambú, lo que ha permitido una fuerte entrada de dinero, que se espera colabore al asentamiento de distintos rubros que mejoren los ofrecimientos de la ciudad en los próximos años.



Este monumento no es únicamente una expresión religiosa de las más reconocidas de todo Brasil sino también de las más importantes recreaciones arquitectónicas de Sudamérica, gracias al aporte de algunos de los artistas renombrados que han pasado por allí dejando su huella en forma de distintas refacciones, como por ejemplo Antonio Francisco Lisboa, Aleijadinho, y Manuel da Costa Ataíde, artesanos y pintores de gran factura todos ellos.

Entre los monumentos que conforman el lugar en sí, puede destacarse un atrio, la propia Iglesia y las esculturas de los doce profetas del Antiguo Testamento, además de seis capillas claramente identificadas con distintas escenas de la Pasión de Cristo. A toda esta confabulación de identidades artísticas, se suma la belleza natural de la colina del Maranhão, una de las más famosas identificaciones de este tipo del estado de Minas Gerais.

Por otro lado, en 1985, la UNESCO declaró este sitio como Patrimonio de la Humanidad, mientras que una de las historias más características en torno a esta construcción tiene que ver con la promesa realizada por el portugués Feliciano Mendes, quien al enfermar de gravedad prometió la realización de un santuario similar al existente en Braga en su tierra, cumpliendo con su palabra entre los años 1757 y 1765.

Las visitas al lugar son de libre acceso para los turistas, y basta con llegar en horas del día para tener la posibilidad de ingresar a la capilla.



Esta ciudad brasileña, ubicada en el estado de Rio de Janeiro, es una de las que más ha crecido en el campo turístico en los últimos años, en gran parte gracias al aporte de distintos proyectos del gobierno local para promover la llegada de visitantes.

Se ubica a unos 800 metros sobre el nivel del mar, y su población de aproximadamente 180.000 habitantes procede en gran parte de la inmigración de varios países europeos, en especial alemanes, que le adjudicaron el nombre a la ciudad.

Uno de los grandes atractivos con los que cuenta este sitio, tanto para extranjeros como para los propios brasileños, es su clima típico de montaña, algo que no es tan simple de encontrar en un país conocido mundialmente por sus playas y aguas.

Además, la abundante vegetación, como así también la presencia de ríos y senderos que se entrecruzan con las viviendas otorgan un aspecto muy natural y fresco a la ciudad.

Tampoco puede dejar de mencionarse el famoso teleférico de Nova Friburgo, que une dos de los tramos más bellos de la localidad, como otros puntos turísticos como el barrio de Lumiar y la Plaza Getúlio Vargas.

También en los últimos años ha existido un gran repunte en lo que respecta a la compra de distintos tipos de elementos como flores y dulces, lo que ha repercutido directamente en la instalación de una interesante oferta hotelera, al alcance de todo el mundo.